“En México el peor enemigo del ciudadano es el propio ciudadano”
Federico Reyes Heroles
Quizá Veracruz sea una de las entidades federativas que contribuyeron a darle la identidad, fortaleza económica y nombre a nuestro país: México, ya que este territorio con todas sus culturas fue el primer contacto con los españoles y su pensamiento neotomista apoyado en la contrarreforma. A la distancia, lo que fue la Nueva España en 1808 aproximadamente su economía era dos veces mayor que la de los Estados Unidos, al finalizar el movimiento de Independencia, el peso económico se invirtió y de allí hasta nuestros días la distancia se ensanchó. Entre los múltiples factores puedo afirmar que el Siglo XIX fue el de una cruenta guerra civil provocada por la falta de un nuevo orden político, y con sus efectos inmediatos como la devastación de la economía nacional a través de su motor fundamental: la mano de obra, ya que en la Independencia murieron cerca de 400 mil mexicanos, entre los que resaltan los trabajadores de la minería, alfarería y el campo, fundamentalmente.
Considero que lo que hoy se debe discutir en el país más allá de los partidos políticos actuales, son los tres constantes problemas que desde hace doscientos años han acompañado a la identificación de México: a) la seguridad pública, b) la corrupción y c) la desigualdad. En el tema de la seguridad se fue asociando a la creación ficticia del Estado-Nación en el país, el primer error político fue intentar que México fuera una Monarquía, con la débil idea de darle continuidad al Imperio Español pero ahora con una raíz mexicana. Posteriormente para cohesionar a los mexicanos y pacificar a los bandoleros, ejércitos privados y demás grupos armados en el país; se intentó paradójicamente con el sincretismo político crear una República Federal, tal y como lo había hecho Miguel Hidalgo con el estandarte de la Virgen de Guadalupe, como símbolo de lucha revolucionaria haciendo participes a los indígenas, mestizos y criollos. El primer presidente de México, José Miguel Fernández y Félix, se cambió el nombre para intentar cohesionar a los mexicanos, desde la propia religión y la política, por eso en Acasónica, jurisdicción de Huatusco, se cambió al nombre de Guadalupe Victoria ante testigos militares y religiosos, posteriormente lanzó su Plan de Veracruz para crear la ya mencionada República. Es importante mencionar que desde 1815 hasta 1823, Guadalupe Victoria estuvo en las montañas del estado resistiendo a Iturbide y la fallida Monarquía.
De la pugna centralistas contra federalistas, irrumpe la primera Constitución de 1824 con un pésimo diseño institucional en el Poder Ejecutivo, ya que se establece una subdivisión entre el Presidente y el Vicepresidente elegidos por las Legislaturas Locales y con ello se inauguran los golpes de Estado propinados por los Vicepresidentes, la discordia política es el signo de la vida pública del Siglo XIX.
La corrupción es el cemento de la sociedad mexicana, es una tradición española que se mexicanizo, ya desde la Colonia donde se inauguran los “fueros”, también se compraban los puestos en los Ayuntamientos y en la administración pública, como hoy lo pueden ser las candidaturas en el otrora partido hegemónico y su posible contaminación en los partidos que anteriormente se consideraban de oposición de izquierda (la compra de los votos de los consejeros estatales para acceder a las diputaciones plurinominales, según lo reflejado por la prensa veracruzana), esta corrupción no solo es de la clase política, sino también de la ciudadanía, ya que siempre busca los “atajos” para incumplir la ley.
El Barón Alexander von Humboldt en 1803 y 1804 en su viaje a México, afirmó que es un país con una “espantosa desigualdad”, a casi doscientos años, el 55% de la población mexicana está fuera del mercado, en fin, la única manera de festejar estos doscientos años es combatir estos tres problemas nacionales en una realidad donde la sociedad mexicana vive una República sin liberales (los masones, quienes tuvieron una esplendida participación en la Independencia, Reforma y Revolución, hoy se convirtieron en una lamentable caricatura de lo que fueron, hoy demuestran una gran ignorancia en sus escritos y opiniones, reduciéndose a ser unos simples cómplices de los gobernantes en turno), sin demócratas y sin una cultura de la legalidad; en la cual observamos a los caciques y clientelas modernas que son eficaces, cuyo producto fue la propia “modernización” del país, allí están René Bejarano o Elba Esther Gordillo, espero que México pueda olvidar el “todavía” y no quedarnos en la lamentación heroica.
Finalmente, nuestra obligación es abrir la discusión en los próximos días del futuro de México.