No pasa nada

Por: Martín Quitano Martínez

mquitanom@hotmail.com



“…ojalá que la espera no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla no llegue a mis pulmones…”
Fragmento
Hombre que mira a través de la niebla
Mario Benedetti

¡Qué fácil y que difícil decir que no pasa nada!.

La iglesia católica que se siente reina de nuestro país, 72 personas asesinadas de un solo tajo por el crimen organizado, por buscar mejores condiciones de vida y negarse a sumarse a sus filas, cerca de 30 mil muertos en una guerra de 4 años, 8 millones de jóvenes sin expectativas de futuro que ni trabajan ni estudian, corrupción galopante e impunidades manifiestas en el México real, del mismo que se dice que no pasa nada.

En el México del no pasa, campea el conformismo de asumir la impunidad, el desgobierno y las incapacidades como la lógica que no tiene vuelta; una visión “natural” de nuestros pesares, donde las cosas son porque son y nada más, y en donde ninguno de nosotros puede hacer nada. Los hechos cotidianos refieren situaciones distintas.

El no pasa nada como actitud de la avestruz que se “esconde” ocultando tan solo la cabeza, como ingenua interpretación popular de un status quo, desde el cual lo que se vive son tan solo el resultado de los acuerdos entre la gente del poder, que responde a lógicas reconocidas y aceptadas desde sus intereses.

El no pasa nada de la indiferencia y la justificación fácil frente a los graves problemas, de la cómoda expresión desde el individuo alejado del ser social y de la solidaridad, de la insensibilidad que marca y determina una concepción del mundo donde nada se puede hacer ante el poder total de los grupos que controlan y determinan el cauce del país, el no pasa nada de los oráculos de los dioses que niegan futuro distinto de lo ya conocido.

Se vuelve cotidiano escuchar a personajes del poder asegurar falsedades, enunciados que acuñan como estribillos de la mentira y la falsa imagen de una estabilidad inexistente, pretenden forjar paraísos fantásticos donde nada pasa, donde todo se puede justificar en medio de la omisión y la colusión.

Lastimosa frase que dibuja la incapacidad de plantearnos alternativas: expresión que permite cruzar los brazos y esperar que la mano invisible ajuste lo que por ahora pueda estar fuera de lugar: desprecio de cualquier sentir social de rebeldía ante lo que ocurre; ignorancia o indolencia ante la violencia y el rompimiento de los paradigmas del estado mexicano, que siendo valores republicanos, son nada en el consiente de muchos que deberían ofenderse y actuar en consecuencia.


Tal vez esa aseveración tendría su parte de razón en la evidente incapacidad de una sociedad para cambiar en positivo los claros horrores de una descomposición social cada vez mayor, y por la desgracia de gobiernos que tenemos.

Lo cierto es que sí pasa algo y muy fuerte, mostrado en el espacio público y social que desnuda nuestras heridas de injusticia y miseria. Pasan muchas cosas en este país y este mundo como para evadirse en la banalidad del lugar común del avestruz, en la ignorancia cómplice del poder, que arrincona las esperanzas y niega otras visiones, como reducto habitual de la soberbia autoritaria.

Enfrentemos a aquellos que desde su visión de augurios calculan una vida lineal sin aspiraciones sociales por las transformaciones urgentes. Frente al no pasa nada de la complacencia coludida ante lo que acontece, el dato esperanzador de que hay otras visiones que darán oportunidad a que si pase algo, nuevo y diferente, que rompa con las herencias lastimeras de la desilusión.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Desde lo profundo de un México herido, saldrá algo más que balas de muerte e impunidad.

 

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