EL QUEBRANTO DE LA FE…

Por: Margarito Zapata

Se cernieron las bases de las cúpulas religiosas de México, por el tema de las adopciones de hijos por parte de matrimonios gays.

Manifestaciones discriminatorias, que rayan en el fanatismo religioso. Como lo escuchado al obispo de Ecatepec Onésimo Zepeda Silva - hundido en la sospecha por sus vida llena de litigios de asuntos ajenos a la religión- que en rechazo a la unión de personas del mismo sexo, no tuvo el menor empacho en calificar los matrimonios Gay como una estupidez.

Por su parte el obispo de Guadalajara Juan Sandoval Iñiguez, quien aseguró que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) fueron maiceados para aprobar las adopciones entre parejas del mismo sexo

Carlos Aguiar Retes, presidente de la CEM, y Víctor René Rodríguez Gómez, secretario general del organismo, llamaron a los fieles a orar "por las decisiones de los gobernantes y por todos los niños que no tienen voz, pero sí el derecho de tener una familia que sea para ellos ejemplo de virtudes".

El sacerdote Pedro Mendoza Pantoja, coordinador de exorcistas de la arquidiócesis de México, señaló que la homosexualidad va contra el plan de Dios y alertó sobre "las tentaciones del demonio y la perversión de las leyes naturales: "La tentación que nos presenta el diablo es el poder, el dinero, el placer que nos está apartando incluso de las mismas leyes naturales, como vemos con los matrimonios homosexuales, la adopción de los hijos, todo eso va en contra de la ley de Dios", dijo.

Pero el que se voló la barda fue el vicario general de la Diócesis de Zacatecas, Ezequiel Moya, quien se aventó a decir que "Los matrimonios homosexuales son una ofensa a Dios":

Más mesurado Arturo Farela, presidente de Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), indicó que "es evidente que no coincidimos con las políticas llevadas a cabo por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, ni con el criterio jurídico de nueve de los 11 ministros que avalaron las reformas, sin embargo, somos respetuosos de la ley de las instituciones democráticas".

Con lo que demuestran que las religiones perdieron de vista el rumbo y su razón de ser.

Iglesias que se han preocupado más por ir de la mano de todo lo que lo que les permita reflectores del poder terrenal, convertida de facto en corriente política radicalizada contra todo acto de gobierno.

Los obispos en sus demarcaciones lo mismo que el cardenal en el foro nacional, salen a manifestar ante la prensa su desaprobación a la lucha que sostiene el gobierno contra la delincuencia organizada, negándose a generar una propuesta de participación para la disminución del problema.

Salen igualmente a respaldar a tal o cual candidato de elección popular de su preferencia sin reparar en la línea de separación legal existente entre la iglesia, las actividades que competen al Estado o los partidos políticos.

Dónde estaban los jerarcas de las iglesias cuando inicio la discusión por la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Lo más seguros que inmersos en reforzar las campañas electorales que se llevaron a cabo en el treinta por ciento de los estados que conforman el país, aunque ahora ya no se sabe a qué partido político pertenecen, porque el siglo pasado se les vinculaba al PAN, a finales del siglo veinte con la izquierda y en la actualidad parece que van de la mano del PRI.

Después que los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, elevaron a rango constitucional las uniones entre personas del mismo sexo pegan el grito en el cielo.
Si bien el término "matrimonio" estaría a discusión por cuestiones de semántica, tampoco es responsabilidad de los que resulten beneficiados con esta Ley.

Quienes tuvieron bajo su responsabilidad el estudio y aprobación, debieron en su momento haber reparado y discutido en su caso, si se aprobaba como matrimonio o utilizar otro tipo de término semántico de derecho.

Pero al no existir impedimento, deja en claro que se trata de un derecho de dos personas para generar un vinculo con la fuerza y alcance legal semejante al que se establece para el matrimonio civil vigente, que no es otra cosa que un contrato por el cual se unen jurídicamente con la intención de formar una vida en común.

Incluso se tiene que tomar en cuenta que el matrimonio anteriormente establecía entre los cónyuges -y en muchos casos también entre las familias de origen de éstos- una serie de obligaciones y derechos que también son fijados por el derecho, que varían, dependiendo de cada sociedad.

De igual manera, la unión matrimonial permitía legitimar la filiación de los hijos procreados por sus miembros, según las reglas del sistema de parentesco vigente.

Al día de hoy, ha sido superado, pues los hijos tienen los mismos derechos hayan nacido dentro o fuera del matrimonio, incluso se genera la paternidad en forma obligada al comprobarse la consanguinidad por medio de métodos científicos.

Ahora bien, si desde el pasado 5 de agosto se dio la resolución de los ministros en el sentido de elevar a rango constitucional los matrimonios gay que desde el pasado 11 de marzo entró en vigor en el Distrito Federal.

Si la unión entre personas del mismo sexo fue avalada por quienes hacen y aplican la Ley en nuestro País, con los alcances semejantes al matrimonio tradicional, más aún los ministros de la Suprema Corte aprobaron con 9 de 11 votos la adopción para matrimonios del mismo sexo con el voto en contra únicamente de los ministros Sergio Salvador Aguirre Anguiano, oriundo de Jalisco y el Veracruzano, nacido en Misantla y ministro presidente Guillermo Iberio Ortiz Mayagoitia- distinguido por el gobernador Fidel Herrera Beltrán, el pasado 26 de julio en pleno proceso electoral para renovar gubernatura, el congreso local y los 212 Ayuntamientos, con la medalla Veracruz al Mérito Social con lo que a partir de esa fecha será reconocido como veracruzano emérito-.

Sí además, la Corte también votó a favor de que las 31 entidades federativas reconocieran este tipo de uniones, cabe preguntar a la jerarquía eclesiástica ¿No estaríamos ante una crueldad humana pretender evitar que los gays adopten hijos que pudieran ser su único apoyo en la vejez? habida cuenta que gay forma ya parte de la estructura familiar y que la buena formación de los hijos en el México de hoy, es casualidad.

Los jerarcas religiosos, resultan demasiado contradictorios en sus manifestaciones públicas, por un lado apoyan a personas gays para que puedan alcanzar puestos de elección popular a
los cuales refuerzan sin el menor recato lo mismo desde el púlpito que ante la prensa, para que la gente vote por ellos como el caso de Xalapa, donde la Iglesia apoyó con todo a sus candidatos hasta llevarlos al triunfo.
Qué nos dice todo esto, que a criterio de una iglesia politizada, homosexuales y lesbianas tienen capacidad para ser diputados, senadores, alcaldes, gobernadores, presidentes de la República, pero carecen de capacidad para integrar y educar a una familia de manera correcta .
Dónde está la parte gay inaceptable de los personajes que la propia iglesia encumbra en la política y la administración pública.
Acaso, homosexuales y lesbianas, pueden contar con el apoyo de la iglesia, siempre y cuando sigan viviendo una vida oculta, tener matrimonios aparentemente normales, tengan hijos con sus esposas en apariencia normales y en el momento que se declaran públicamente gays, son linchados mediáticamente.
Habría que preguntarle entonces a esos jerarcas eclesiásticos azuzadores, qué es lo que a su juicio consideran más complejo en la formación de un niño, si el crecer ante la realidad de ser hijo de un matrimonio gay; o el impacto de crecer en un matrimonio que creyó normal para darse cuenta en cualquier momento de su vida que es hijo de un padre o madre gay escondido en las sábanas del poder.
En qué momento se darián cuenta que los gays no pueden ser ejemplo de vida para un niño. Cuando la iglesia está siendo acusada de ser causante del desvío sexual forzado de millones de niños víctimas de abuso sexual por parte de miembros de la jerarquia, como el sombrío ejemplo del michoacano Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo.
Ni que decir de los llamados miembros de las iglesias protestantes, que caminan sobre un sendero plagado de vicios, abortos clandestinos, corrupción y enriquecimiento inexplicable.
Usted que haría estimado lector ante una situación como esta, en un pueblo mexicano católico de nacimiento que de siempre ha tenido en familia la palabra gay sin pronunciarla en voz alta?.
Qué camino debe seguir una familia católica con integrantes gays que deciden casarse y adoptar un hijo? Deberán apoyarlo en su decisión exponiéndose a ser excomulgados o preservar los lazos familiares por encima de la amenaza de sus sacerdotes?
Por fortuna no todo está perdido en México, ante tanta barbarie, sobresale la voz de la justicia en la persona de la ministra Margarita Luna Ramos, quien aseguró que cualquier pareja responsable, "más allá del sexo", puede brindar amor a un menor adoptado.
Nos vemos en la próxima.

Margarito Zapata
marza1961@hotmail.com
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Director General
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